La Alzapúa, un Secreto a Voces

Que el dedillo era una técnica antigua, heredada del Renacimiento, ya lo sabíamos. Que, aunque era práctica más o menos corriente entre los tañedores de la vihuela, siempre arrastró consigo esa mala fama de "hiriente timbre agudo", también. Por tanto puede ser que, por sus características, el toque de uña fuera considerado artificio despojado de la capacidad de procurar arte, hasta ser desterrado del compendio de técnicas que conformaban la ortodoxia del academicismo de finales del siglo XIX. 

Lo que no nos podíamos imaginar es que el dedillo, lejos de desaparecer en el olvido de los tiempos, sobreviviría gracias a que tuvo, presumiblemente, mejor acogida entre el guitarrista callejero y popular que en el guitarrista académico. Como es bien sabido, la cultura, despojada de todo prejuicio, en manos del pueblo, es un bien precioso que se transmite de forma oral entre generaciones.

También sabemos, y la historia nos lo cuenta, que el músico culto se acercaba al músico popular con el fin de captar la magia de las melodías que atesoraba, que eran fruto de su herencia cultural y generacional, las cuales venían aderezadas con elementos de sustratos profundos, donde se inca la raíz más ancestral, y son refrescadas en las ramas que danzan al son de los cuatro vientos intemporales. Julián Arcas, Manuel de Falla, Enrique Granados, Isaac Albéniz, Joaquín Rodrigo, etc., bebían y se embebían de la savia de la raíz ancestral, y han contribuido en gran medida a que, ya en la segunda mitad del siglo XX, la guitarra académica recuperara de una forma un tanto solapada ese "toque tan enigmático".

Si salvamos el prejuicio que supone tocar con la parte externa de la uña y asumimos la resultante tímbrica como algo natural, tendremos como aliado un elemento nuevo que viene a resolver determinadas complicaciones en la digitación de mano derecha que se nos presentan cuando queremos abordar músicas puras o tocar composiciones que, a priori, no fueron pensadas para la guitarra. También, si no se quiere poner puertas al campo ni a la creatividad, utilizar este recurso, como un procurador de mecanismos nuevos, abrirá la composición para guitarra a nuevos conceptos, enriqueciendo el lenguaje sonoro de nuestro instrumento y consiguiendo, de este modo, hacer verídica la frase: "La técnica puesta al servicio del arte".

Y esto era algo que intuía y, por lo tanto, sabía muy bien el Maestro Agustín Sabicas, y por supuesto lo ponía en práctica, consiguiendo asombrar a todos los guitarristas de su tiempo, que se contagiaban de su arte y su sonido. Conocemos la influencia importantísima que tuvo Sabicas para la siguiente generación de guitarristas flamencos, se dice que daba lecciones por correspondencia desde New York, pero en ese sentido desconozco la influencia que tuvo sobre los guitarristas clásicos que lo conocieron, como el Maestro Andrés Segovia.

En los años ochenta la irrupción en el panorama guitarrístico mundial de un joven intérprete llamado Kazuhito Yamashita hizo que se tambalearan los pilares donde se sustentaba la idiosincrasia de nuestro instrumento. Su audacia consistía en hacer arreglos e interpretar algunas célebres composiciones sinfónicas utilizando para ello, además de distintos recursos interpretativos basados en la escuela tradicional, un poder mágico llamado "dedillo", digo poder porque lo usaba abiertamente como una herramienta más, y no como un truco que se quisiera esconder bajo la manga. Por eso, no es de extrañar que con esta actitud, energía en estado puro y aptitudes para la interpretación sublime, Yamashita subyugara e hipnotizara tanto a eruditos como audiencia en general.

El día 12 de Julio del 2007, en el marco del Festival de Guitarra de Córdoba, pude presenciar el Concierto ofrecido por el “Kazuhito Yamashita Cuarteto”, cuyo programa constaba de varias composiciones de Keiko Fuji inspiradas en la música Clásica Japonesa. Este hecho me hizo pensar que puede existir una relación entre el toque ancestral de la Biwa o el Koto (basado en el uso del plectro) y el concepto que maneja Yamashita de aplicación del "dedillo" en la guitarra. La razón es porque la obra principal que interpretó, junto con sus hijos, estaba conformada por seis movimientos de carácter meditativo, donde cada una de las notas se iba desgranando e hilvanando lentamente, como a punzadas, con el toque exclusivo de la uña.

Hay interpretes de guitarra actuales como Jorge Caballero y Antonio Rioseco, en Perú y Chile respectivamente, que siguen la senda iniciada en su día por Yamashita, y le rinden culto acometiendo sus transcripciones de obras sinfónicas con un resultado más que excelente. Además de animarse a transcribir e interpretar ellos mismos composiciones sinfónicas de gran calado, perpetúan los valores que llevan implícitos estas músicas en pro de la evolución de la dualidad instrumento-intérprete.

Desde el Renacimiento de los vihuelistas, pasando por el Barroco, el Clasicismo y el Romanticismo Nacionalista, hasta llegar al auge de la guitarra en nuestros tiempos con compositores guitarristas como Leo Brouwer, Raúl García Zárate, Egberto Gismonti, Carlo Domeniconi, Roland Dyens, Jorge Cardoso, José María Gallardo del Rey, entre otros, la figura del guitarrista-compositor ha sido fundamental en la evolución de la técnica de la guitarra.

En esta aldea global que se ha convertido el planeta, blandiendo este instrumento universal, estos compositores-guitarristas se han sentido y se sienten conectados con las fuentes y, a su vez, con el tiempo que les ha tocado vivir. Por eso entiendo que el papel crucial que hoy en día tiene el compositor guitarrista es ser consciente de la herencia de siglos de conocimiento sobre el instrumento que se le ha legado, para tratar este bagaje con sumo respeto. Esta manera de posicionarse le llevará, a través de lo que significa la magia de la alquimia musical, a destilar sus propias percepciones, intuiciones y sentimientos. El compositor que utiliza como instrumento fetiche la guitarra, que se siente mitad guitarra, mitad ser humano, sabe que es un medio por el cual se expresa la vida, y en esto radica su razón de ser.

Para terminar diré que el toque de uña no es exclusivo de la guitarra, se practica en otra clase de instrumentos cordófonos como son: el ardín, la tidinit, el setar, el laúd pipa, la guitarra portuguesa, etc. Que aunque no lo expresen abiertamente, lo practican guitarristas de todos los estilos y escuelas. A estas alturas, cabe pensar que se ha desvelado lo que había de oculto del "toque enigmático" y que muchos guitarristas, comprobando de lo que es capaz esta técnica, la hayan adoptado estudiado y analizado de forma autodidacta.

En este sentido hay un trabajo interesante del vihuelista Ralph Maier, que está accesible en la red, para poder escuchar y ver este modo de pulsación, aplicado a través de un estudio y análisis exhaustivo sobre las Músicas del Renacimiento. Y si estáis interesados en profundizar y seguir un método propio, en el que se trata el dedillo o alzapúa con la versatilidad requerida para encontrar la respiración, acento y fraseo adecuados que definen los distintos estilos musicales, os invito a que contactéis conmigo a través de la página web www.dariomoreira.com, donde podréis ampliar información al respecto.


Muchas gracias.

Darío Moreira, compositor y guitarrista.




Para ilustrar esta técnica el autor de este artículo nos ha querido obsequiar además con un vídeo en el que interpreta "A Teimunda", una composición sobre la pandeirada, que es un estilo de música tradicional de Galicia.