Entrevista a Carles Trepat


Es un guitarrista especial, no cabe duda. Por su manera de tocar y afrontar la profesión. De apariencia frágil y huidiza, Carles Trepat sin embargo se reafirma aquí como un estupendo erudito de la guitarra, algo que sabíamos, además de un locuaz interlocutor lleno de convicción y contundencia al expresar las líneas maestras de su concepto de hacer y decir guitarra.

Charlamos con él en la mesa de un hotel en pleno centro de Madrid, con el único testigo de una grabadora que a duras penas podía recoger esa voz tenue pero sin grietas de este leridano que ya es, por méritos propios, algo más que un guitarrista de culto.

¿Conoces Sexto Orden?
“Sí, he recibido algunos links y me interesó mucho. Es muy bueno que existan este tipo de publicaciones, aunque sea online. ¿Existe en papel?”


Sí, el Conservatorio Superior de Madrid apoya la causa, y de vez en cuando se imprime. Hacemos lo que podemos. Además de la actual Roseta ¿qué antecedentes a nivel de medios de comunicación de la guitarra clásica conociste? “Bueno, la Biblioteca Fortea editó algunas revistas interesantes pero eso era en la primera mitad del siglo XX..., quizá debamos ir demasiado atrás para encontrar cosas, aunque alguna ha ido apareciendo desde las sociedades de guitarra..., pero toda esta tarea que hacéis debiera durar más en el tiempo”.

Desde tu época en el conservatorio-escuela de Vila-seca, no has vuelto a dar clase en un centro estable como tal.
“Es algo que me gustaría..., no tanto el hecho de estar en un centro pero sí estar con un grupo de gente estable con ganas de aprender... Vila-seca lo dejé porque creí que debía seguir concentrado en el estudio de la guitarra; me tomé muy en serio la idea de que es muy difícil un compromiso con la enseñanza y desarrollarse como intérprete al mismo tiempo. Probé a ir por libre hace más de veinte años y me he acostumbrado un poco 
a eso. Pero he continuado siempre dando clases –y no pocas- en los cursos de los festivales de guitarra, academias y conservatorios. También es cierto que a veces se hace complicado, en este tipo de cursos combinados con recital, mantener la concentración necesaria para tocar y enseñar”.

Ese concepto de pedagogo-concertista te acerca a la figura de tu admirado Pujol. “Bueno... ya quisiera yo, Pujol fue tan polifacético que abarcó estos dos y otros muchos campos a la vez y a lo largo de su vida. A veces se ha cuestionado su figura y es por eso que quiero aprovechar esta oportunidad para reivindicarla. Al guitarrista y su gran aportación. Es evidente que su labor como intérprete se desarrolló más desde su juventud hasta los años cuarenta. De esos años es su grabación junto a su primera esposa, Matilde Cuervas, de dos piezas de Falla, en donde se puede apreciar el alto nivel artístico del dúo. Quizá no fue un virtuoso de la naturaleza de Llobet o Segovia; recuerdo que Ma Luisa Anido contaba que tuvo oportunidad de oír estudiar a Pujol, que se alojaba en su casa cuando el padre de Ma Luisa le organizaba conciertos en Argentina. Decía que era capaz de obsesionarse con un pasaje y repetirlo incontables veces... y remarcaba Anido que eran pasajes relativamente fáciles. Contraponía la personalidad de Pujol a la de Llobet al que decía que costaba verle con la guitarra en las manos si no era en los escenarios. Creo que esto era una manera un tanto exagerada de plasmar algo que se desprendía de la personalidad de estos guitarristas.

Cuando tuve oportunidad de conocer a Pujol, en sus últimos años, se podía ver inmediatamente en él a un hombre devoto de la guitarra. Él, que era una persona de fuertes convicciones religiosas, parecía como si quisiera integrar la guitarra y la música en su concepto espiritual de la vida. Y eso lo comunicaba y lo transmitía, daba fuerza a su mensaje.

Tuve la suerte de tener como primer profesor a Jordi Montagut, que había asistido a los cursos de Cervera con Pujol y se esforzaba en inculcar a sus alumnos los principios de la “Escuela Razonada de la Guitarra”... incluso alcancé a recibir lecciones directamente del Maestro Pujol, y más tarde de su discípulo José María Sierra. Después me alejé de aquel modelo, influido por otras tendencias, pero con los años he vuelto a reflexionar y a dar su importancia a lo que había recibido en mis inicios”.

En tu periodo formativo Segovia debía de estar muy presente, ¿recibiste su influencia?
“Como alumno de Tomás sin duda la he 
recibido, también a través de sus partituras 

y grabaciones ya que no llegué a conocerle; pero la ideología de Segovia no ha ido nunca conmigo: su pretendido autodidactismo, con la consecuente creación de una nueva técnica
es algo que no acababa de entender, en parte porque no me acababa de cuadrar con las ideas que yo había recibido a través del ambiente de Pujol. También su complicada relación con el mundo flamenco y con tantos guitarristas que le ayudaron, como Llobet, siempre ha provocado mi desconfianza. Segovia planteó una nueva 
era guitarrística en la que la aportación de los compositores-guitarristas del pasado contaba poco. Personalmente no creo en la superación
en el terreno interpretativo ni en el de la composición. Y en el mundo de la guitarra se da mucho este tipo de pensamiento, tantas veces despectivo con nuestro pasado. Creo que eso no está en consonancia con el espíritu de recreación y renovación que fundamenta nuestra labor. Otro asunto es la necesidad de sobresalir en este mundo y la legitimidad de que cada uno defienda lo suyo como crea más conveniente. Pero hay que intentar no confundir la autopromoción
con el proceso histórico; la indudable y enorme influencia de Segovia ha hecho que algunas cosas que pasaron de una manera se hayan contado de otra.

Por otra parte me ocurre que cada vez entiendo y admiro más a Segovia como guitarrista... y tampoco me gusta ver, como tantas veces ocurre, como se niega la validez artística de sus interpretaciones. Vivo una especie de contradicción entre la poca simpatía que me ha producido su visión de la guitarra y la fascinación por su arte.”

La figura de Segovia es hoy controvertida, pero veo que ya lo era mucho antes
“Pienso
que esa controversia la ha sentido mi generación y en cierto modo continúa estando ahí, pero fueron algunos de sus alumnos los que vivieron una fuerte contradicción. Algunos de ellos, como mi maestro José Tomás, intentaron una reacción estética frente a las maneras de Segovia.”


Se hacían un poco incompatibles
“Tomás quiso plantear un “nuevo” concepto de rigor y fidelidad hacia el autor y el texto, contrapuesto a las “licencias” que Segovia se tomaba en ese sentido. Dio mucha importancia
a algunos puntos como la vuelta a las fuentes originales y una nueva aplicación del concepto estilístico. Pero no todos los alumnos de Segovia sintieron la necesidad de esa reacción, como es el caso de José Luis González, excelente guitarrista y casi vecino de José Tomás. González siguió transmitiendo a sus alumnos formas que en el círculo de Tomás se consideraban ya anticuadas.

En este momento, personalmente, intento aunar ambas vertientes con las contradicciones, dificultades y satisfacciones que ello conlleva. Entiendo cada vez más que esas licencias de Segovia, obedecen más a exigencias estilísticas de su tiempo y a la necesidad de potenciar determinados aspectos de la sonoridad de la guitarra que a caprichos personales de interpretación.”

Tomás, González... de ambos se habla poco.
“El mundo de la guitarra y el de los intérpretes de música clásica en general, parece haberse convertido en un mundo para jóvenes. Es bueno que haya algo de eso, pero no todo es fijarse en quién acaba de ganar un concurso o buscar la nueva sensación. Creo que es muy importante alimentar nuestra memoria y más en este momento de crisis de algunas tradiciones culturales. Es primordial ser conscientes de la herencia que hemos recibido si no queremos que esas tradiciones queden diluidas en unos pocos tópicos.”

Fuiste “asistente” de José Tomás. Es un término que me gustaría me aclarases y sobre el que debiéramos reflexionar
“A
José Tomás no le gustaba ese término; conmigo siempre fue muy generoso y

quería que, en los programas de los cursos, mi nombre apareciera al lado del suyo sin ninguna distinción. Por mi parte me considero afortunado de haberle “asistido” cuando necesitó un apoyo para atender a los más de cuarenta alumnos que en tantas ocasiones se matriculaban por aquellos años en sus cursos. Fue una gran ilusión para mí la primera vez que me llamó, en pleno verano, a punto de comenzar el curso de Vila-seca... me acuerdo perfectamente. En fin, eso son ya recuerdos.”

Hoy los clásicos no componen lo que tocan, solo interpretan
“Con honrosas excepciones eso es así. Es algo que llega tras la diversificación de especialidades que impuso la norma académica de los conservatorios. Cuando un reconocido pianista fue a pedir consejo a Ravel sobre la interpretación de su obra, éste acabó animándole a componer su propia música para poder ponerse en la situación del autor.


El mundo del flamenco actual parece estar en el otro extremo, dan poca cabida a la recreación de sus clásicos, a pesar de que ellos han pasado por Montoya, Sabicas, Ricardo, Paco de Lucía, etc. en su período de aprendizaje... y a algún guitarrista flamenco he oído comentar que quizás eso tampoco sea lo más conveniente. Según él estaría bien oír más a menudo a los guitarristas flamencos actuales las creaciones de los maestros de otras épocas.”

A los flamencos en los concursos, en muchos de ellos, se les exigen obras originales suyas..., eso no parece muy común en los concursos de clásico.

“Esta es la paradoja que se da entre ambos mundos; en ese sentido y en otros, tal vez sería bueno que estuvieran más cerca.”


Tú de transcripción sabes bastante.
“Bueno, en algún caso me han sugerido hacer algún seminario de transcripción, y guiar eso tampoco es tan fácil. Llevo mucho tiempo transcribiendo y arreglando, pero una cosa es hacerlo y otra enseñarlo...”


Me gustaría hablar de Quiroga.
“Pues hablando de transcripción, la música de Quiroga viene siendo para mi desde hace casi veinte años una fuente inagotable de música que redondea como pocas en la guitarra. Continúo buscando entre la enorme cantidad de canciones que llegó a componer y continua sorprendiéndome y emocionándome su gran imaginación musical, siempre fresca.”

¿Necesitamos un divo universal para llegar a más gente? Porque puede que esto se convierta en algo de culto ¿Quizá es un problema de repertorio?
“Mmmm..., es un poco difícil responder a eso... hay que tener cuidado con los repertorios, sí,
es cierto. Romper por romper no es bueno tampoco..., pero cuando se sale a un escenario hay que intentar no aburrir y a la vez dar un mensaje claro y sólido de calidad. No creo que necesitemos un divo, necesitamos músicos de calidad.”


Hay una frase tuya que me encanta: “confío en la guitarra por encima de los guitarristas”.
“La he tenido que matizar alguna vez. No es que no confíe en los guitarristas, es más, la guitarra es la suma de sus esfuerzos, creo ser muy consciente de ello. Simplemente es que desconfío del guitarrista que va de descubridor de la auténtica guitarra. Creo que eso se ha dado con demasiada

frecuencia. Es una especie de vicio “nacional”, por hacer un poco de broma. Pero estoy convencido de que, ahora mismo, no es muy saludable esa visión negativa de la evolución de la guitarra y además es fuente de algunos complejos que circulan en nuestra comunidad.”

Has visitado muchas iglesias buscando ese sonido...
“Para mí es el espacio ideal para tocar la guitarra, una iglesia con buena acústica y me siento protegido..., y si se trata de grabar el sonido de una guitarra con fidelidad, la reverberación que proporciona, bien utilizada, es a mi gusto la más natural y placentera.”


Cambiando de tema. Ahora que estamos tan inseguros en nuestra formación, trabajos y demás, sobre todo los jóvenes; se ha puesto de moda salir al extranjero, hacer postgrados fuera. ¿Qué recomiendas?
“Conocer mundo siempre es muy conveniente. Pero aconsejaría también al joven músico
que no olvidara su procedencia, cómo ha ido aprendiendo, de qué manera se han 
ido formando sus gustos. Creo que esto es importante para que cada cual pueda afirmarse en su propia personalidad; es una cuestión que me preocupa particularmente ahora que todo, incluso el gusto, parece que tiende a homogeneizarse.” 

por Pablo San Nicasio