Entrevista a Alfredo Escande

Esta entrevista viene como anexo al trabajo de investigación de Antonio José Jiménez Muñoz publicado en el nº8 de Sexto Orden. Esto es una re-publicación web.
Va dirigida al guitarrista de Montevideo Alfredo Escande, discípulo de Carlevaro. Nace en 1949 y empieza sus estudios de guitarra en el 61. No es hasta el 76 cuando se convierte
en colaborador del Maestro Abel Carlevaro. Trabaja junto a él hasta su fallecimiento en 2001. Además colabora como asistente en 
la elaboración de todos sus libros y escritos pedagógicos.
Es autor del libro “Abel Carlevaro – Un nuevo mundo en la guitarra”, completo y detallado estudio sobre la vida y la obra del gran maestro uruguayo, y del libro “Sor, Aguado, Carlevaro – Continuidades y rupturas”.

¿Cómo y cuando conoció a Carlevaro?
La primera vez que sentí hablar de Abel Carlevaro fue en 1963, cuando yo tenía 13 años y hacía dos que estudiaba la guitarra. El año anterior yo había asistido al primer concierto de guitarra de mi vida: escuché a Andrés Segovia en el Estudio Auditorio del SODRE. En julio de 1963 estaba en la misma sala, en el intervalo de otro concierto (que no era de guitarra), me acompañaban mis padres y mi profesor de guitarra, y antes de comenzar la segunda parte hicieron el anuncio de que el próximo concierto sería del guitarrista Abel Carlevaro. En ese momento, mi profesor comentó a mis padres: “A ese guitarrista sí que tendría que venir a escucharlo Alfredo”. Yo quedé sorprendido, porque creía que ya había escuchado al más grande guitarrista del mundo, y el énfasis de mi profesor parecía indicar que todavía no había escuchado todo lo que debía. Cuando le pregunté, él me dijo: “Ya vas a ver. Carlevaro estudió con Segovia, pero ahora lo ha superado y lo suyo es algo  totalmente diferente”. A los pocos días fui al concierto y quedé maravillado. Luego conseguí uno de sus LP, y no me cansaba de escucharlo. Poco a poco fui consiguiendo todos sus discos (que no eran más que tres o cuatro, en esa época). Pero debían pasar todavía varios años, once, para que yo tomara mi primera clase con él. Fue también mi primer profesor quien me aconsejó ir a estudiar con Carlevaro. Cuando yo le dije que me parecía que yo no tenía el nivel suficiente como para estudiar con tan importante maestro, él me dijo: “Llamalo y andá a estudiar con él, que te va a abrir un mundo nuevo”. Y así fue: lo llamé por teléfono, creyendo que me resultaría muy difícil ser aceptado como alumno, pero tuve la sorpresa de que me atendió con amabilidad, y sin importarle cuánto sabía yo de guitarra me citó para darme su primera clase. En esa primera clase, además de enseñarme cómo sentarme y tomar la guitarra, me dijo lo más importante de todo. Yo había leído unos días antes, en una entrevista, que él había dicho: “hay guitarristas que tocan diez horas por día. Yo les aconsejo que piensen nueve horas y toquen una”. Más allá de la evidente exageración, sin duda para sacudir inercias, ahí había algo que para mí sonaba desconocido. ¿Qué era eso de pensar en la guitarra?, fue lo que le pregunté. Y su respuesta me marcó para siempre: ‘a pensar en la guitarra es justamente lo que yo le voy a enseñar’.”

¿Cómo influyó en usted el Maestro?
“Desde la primera clase cambió mi perspectiva de la guitarra y de la música, y además cambió totalmente el rumbo de mi vida. Yo estudiaba Economía, trabajaba en un banco para ganarme la vida (además de dar algunas clases privadas de guitarra), pero después que lo conocí y escuché sus puntos de vista y todo lo que tenía para enseñarme, decidí que ése era mi camino: estudiarlo a fondo, entenderlo, comprenderlo, tocar la guitarra siguiendo sus consejos, y luego ayudar a que otros lo conocieran y lo comprendieran.
Dos años después de aquella primera clase, el Maestro me honró cuando me solicitó ayuda para escribir su libro “Escuela de la guitarra. Exposición de la teoría instrumental”. A partir de allí, y durante un cuarto de siglo, trabajé con él en la redacción de todos sus trabajos pedagógicos.
Y su influencia mayor (además de enseñarme, tal como me había adelantado mi profesor, todo un nuevo mundo de la guitarra) tiene que ver con lo que me dijo en su primera clase: con él aprendí a pensar antes de hacer algo en el instrumento. La resolución de cualquier problema o
dificultad no se consigue tocando y tocando “hasta que salga” (“de ese modo lo vas a hacer perfectamente..., mal” solía decir), sino pensando en las razones de la dificultad y en las vías para superarla, y recién después, cuando tenemos la solución teórica, tocar para aprender el pasaje,
ya bien tocado desde el comienzo. Por eso es tan importante que, a partir de Carlevaro, la guitarra posea una teoría instrumental.”


¿Qué visión se tiene en el Uruguay musical del Maestro y cuál cree que se tiene en Europa? “Creo que, como había sucedido en muchos lugares durante su vida, a Carlevaro aquí lo respetan mucho más los músicos no guitarristas, que los que tocan nuestro instrumento. Hay muchas excepciones, por supuesto. Pero son muchísimos los guitarristas que prefieren bajar la cabeza y arremeter contra las dificultades dedicando horas y horas al trabajo irreflexivo, antes que detenerse a pensar, a enterarse de que existió Carlevaro, y a darse cuenta de que todo resulta más fácil y menos fatigante si se siguen sus consejos. En cambio, huyen por la tangente y dicen: “Carlevaro, ya es cosa del pasado. Está superado”. Es más fácil eso, al parecer, que tratar de pensar y, pensando, ser diferente. Y, sobre todo, ser artísticamente musicales. Lo que proponía Carlevaro apuntaba a la sensibilidad artística: sus innovaciones técnicas buscaron simplificar lo físico para dar paso a lo espiritual, a lo sensible y musical. Y lo que predomina, tanto aquí como lo que puedo enterarme de Europa, lamentablemente, es una especie de carrera por superar todas las barreras de potencia y velocidad. No importa a qué precio ni en función de qué estética. Y si uno pone atención, los que siguen por ese camino suenan todos igual y son poquísimos los que proponen algo diferente.”

¿Cree la técnica que propone Carlevaro en un futuro tendrá la misma repercusión pedagógica que por ejemplo tienen hoy la de Sor y Aguado?
“Debería ser así. Ellos fueron el hito fundamental en el avance de la guitarra del siglo XIX. Carlevaro lo fue en la segunda mitad del XX, en lo que tiene que ver con lo técnico
y lo pedagógico. Pero dependerá de que haya quienes lo traten de comprender y transmitir fielmente, antes de que se pierda el hilo conductor.”


¿Encuentra muchas de las propuestas planteadas por Carlevaro resueltas por los grandes intérpretes de hoy?
“Creo que hay mucho por hacer, y que son pocos los que se proponen desarrollar y aprovecharal máximo las cualidades orquestales de la guitarra. Por supuesto que hay en el mundo grandes artistas de nuestro instrumento. Pero, también es cierto que un número considerable de los actuales guitarristas parecen estar tocando el piano. Agregándole vibrato, eso

sí. Todavía hay gente que, queriendo alabar una guitarra, dice: `¡Cómo suena esa guitarra! ¡Parece un piano! ́ Eso es toda una definición estética. No son muchos los guitarristas que se han dedicado a resaltar los valores intrínsecos de la guitarra.”

¿Cuál cree que es el mayor aporte de A. Carlevaro al mundo de la música en general y al de la guitarra en particular?
“Carlevaro le aportó a la guitarra un corpus teórico coherente, completo y orgánico, que nuestro instrumento nunca había tenido. Aplicó la razón desde una sensibilidad artística, y siendo -como lo era desde muy joven- un intérprete de nivel sobresaliente, dedicó gran parte de sus energías y de su vida a mostrar a los demás que puede ser fácil resolver los problemas que plantea la música en la guitarra si se es capaz de sustituir el empeño irreflexivo por la razón puesta al servicio de una idea musical.

Desde el punto de vista estético, llevó a su máxima expresión la condición orquestal de
la guitarra, privilegiando el uso artístico de los colores, los matices, demostrando que la guitarra tiene infinitas posibilidades que no se agotan en la vieja dicotomía “sul tasto - sul ponticello”, ni -en cuanto a lo dinámico- la igualmente obsoleta ‘apoyando - tirando’. Los cambios de color y de dinámica dependen, según Carlevaro, de las diferentes actitudes de los dedos, y de las distintas asociaciones musculares que es posible poner en juego en apoyo de éstos. Y así es posible que la guitarra brinde al que la escucha toda su maravillosa gama de sonoridades.

Demostró, además, que la ejecución guitarrística puede ser totalmente limpia, sin ruidos parásitos, sin ese absurdo rozamiento de las cuerdas que proviene del desconocimiento de cómo se usan el brazo izquierdo, la muñeca y la mano para mover los dedos en el diapasón.
Si hubiera que ejemplificar con un solo concepto cuál fue el cambio más revolucionario que aportó Carlevaro a la técnica de la guitarra, habría que decir que antes de él los guitarristas tenían solamente en cuenta sus dedos para tocar (incluso, llegó a haber maestros que hacían poner una revista debajo del brazo izquierdo, para asegurarse de que no se moviera, así como otros indicaban el uso de moneditas o cerillas entre los dedos de la mano derecha, para que estuvieran siempre bien apretados). Carlevaro mostró que, además de los dedos, para tocar la guitarra hay que saber usar perfectamente las manos, las muñecas, los brazos, el tronco y -aunque parezca mentira- las piernas y los pies. Cuando todos esos elementos funcionan armónicamente, la ejecución guitarrística se simplifica de un modo increíble. Y la música, agradecida, sale sin trabas, sin obstáculos físicos. Cuando hay ideas musicales para expresar, por supuesto.” 


Publicado el 7 de Mayo de 2013 en Sexto Orden nº8 pp.5-7 por Antonio José Jiménez Muñoz